Septicemia (sepsis): qué es y cuáles son sus síntomas

¿Qué es la septicemia?

La septicemia, también conocida como sepsis, es un síndrome que ocurre en pacientes con infecciones graves, caracterizada por una inflamación intensa en todo el organismo, potencialmente fatal.

La sepsis es desencadenada por la invasión de agentes infecciosos en la corriente sanguínea, principalmente bacterias, aunque también pueden ser virus u otros microrganismos, por lo que muchas veces es llamada “infección en la sangre”; sin embargo, esta condición puede continuar incluso después de que los agentes infecciosos hayan dejado el cuerpo.

Siempre que el organismo es atacado por microrganismos, nuestro sistema inmunológico se activa para poder combatir al agente invasor. Una de las tácticas empleadas por nuestras células de defensa para combatir los agentes invasores es a través de la liberación de mediadores químicos que provocan una respuesta inflamatoria.

La inflamación que surge en las partes infectadas no es provocada por la bacteria en sí, si no por la respuesta inmunológica del cuerpo. La inflamación es una forma de defensa del organismo. El enrojecimiento, dolor, calor, hinchazón y pus, característicos de heridas infectadas, son el resultado de la “batalla” entre el sistema inmunológico y los agentes invasores.

Generalmente, las infecciones inician en zonas específicas del cuerpo, como la piel, pulmones, vías urinarias, oídos, entre otros. Algunos ejemplos de infecciones bacterianas localizadas en un punto específico del cuerpo son:

  • Neumonía = infección del pulmón;
  • Cistitis = infección de la vejiga;
  • Otitis = infección del oído;
  • Erisipela = infección de la piel;
  • Meningitis = infección de las meninges y del sistema nervioso.

En un primer momento, las bacterias se alojan en un órgano, como el pulmón, y son combatidas por el mecanismo de defensa del cuerpo. Sin un control de la infección, estas bacterias se multiplican y comienzan a migrar en gran cantidad hacia otras zonas, pudiendo llegar a un vaso sanguíneo y con ello a la circulación.

Las bacterias pueden alcanzar la sangre en situaciones triviales, como mientras cepillamos nuestros dientes o cuando nos raspamos una rodilla. Esta pequeña cantidad de bacterias en la sangre es rápidamente neutralizada y controlada por el sistema inmunológico.

El problema surge cuando hay una gran cantidad de bacterias en la corriente sanguínea y esta se esparce por todo el cuerpo. Como las células de defensa tienen que actuar en diferentes zonas a la vez para combatir la infección, terminan desencadenando un proceso inflamatorio difuso.

Todos hemos padecido inflamaciones, ya sea en un diente, en la piel, o cualquier otra parte del cuerpo. Cuando este proceso ocurre interna y simultáneamente en diferentes vasos sanguíneos y órganos, es como una guerra que se ha desatado dentro de nuestro cuerpo. Hay muertes en ambos lados y mucha destrucción de las estructuras alrededor. Eso es la sepsis.

Hay diferentes grados de gravedad de la sepsis. Ciertas bacterias son más virulentas que otras y cada organismo tiene una capacidad diferente para combatir los agentes invasores, provocando una inflamación más o menos acentuada. Los pacientes saludables con infecciones provocadas por bacterias poco agresivas suelen controlar bien sus infecciones, sin desarrollar cuadros de sepsis severas.

Signos y síntomas de la sepsis

Cualquier infección puede, en teoría, provocar una sepsis. Muchas personas probablemente ya han tenido una sepsis en su fase inicial. Para caracterizarse como una sepsis bastan con presentar una infección y dos o más de los siguientes síntomas o señales:

  • Fiebre (temperatura superior a 38,3C) o hipotermia (menor a 36°C);
  • Taquicardia (frecuencia cardiaca mayor a 90 latidos por minuto);
  • Frecuencia respiratoria mayor a 20 incursiones por minuto o PaCO2 < 32 mmHg;
  • En el hemograma: leucocitosis (leucocitos superiores a 12,000/mm3) o leucopenia (menos de 4,000 leucocitos/mm3).

De hecho, incluso una gripe fuerte puede causar que el paciente presente señales de sepsis. Sin embargo, esto no significa que el paciente está muy grave y puede morir. Estos criterios solamente indican que el paciente debe ser tratado adecuadamente para que el cuadro no se complique.

Se puede tener una amigdalitis y presentar criterios de sepsis. Sin embargo, si la infección es tratada correctamente, la mayoría de la persona termina por recuperarse sin complicaciones. No obstante, si el paciente es negligente y no busca atención médica, la infección, que inicialmente se restringía a la garganta, puede diseminarse por la sangre y volverse más difícil de controlar. Una sepsis leve puede volverse grave.

El cuadro clínico característico de la sepsis es la presencia de fiebre alta, escalofríos, cansancio, postración y pérdida del apetito.

Los ancianos con septicemia pueden no presentara fiebre, pero suelen sentir desorientación, confusión mental y postración. La evaluación médica y el tratamiento con antibióticos son importante para evitar la evolución del cuadro.

Última actualización el 19 de Abril de 2018 a las 12:22 am.

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