Alzheimer: Qué es, causas y síntomas

¿Qué es el Alzheimer?

El mal de Alzheimer (llamado así en honor a Aloysius Alzheimer, psiquiatra alemán que reconoció y describió esta enfermedad por primera vez), es una enfermedad neurodegenerativa, de evolución lenta y progresiva que provoca la atrofia del cerebro y deterioro de las funciones mentales, causando demencia en pacientes de la tercera edad (por lo general con más de 65 años). Los pacientes gradualmente pierden su capacidad de raciocinio, juicio y memoria, lo cual los vuelve dependientes de otras personas para realizar sus actividades físicas.

Causas

Aún no se conocen con precisión las causas de Alzheimer. Actualmente, se admite que hay una asociación entre propensión genética y la exposición a ciertos factores ambientales (aún no reconocidos). Se cree que la acumulación de una proteína conocida como beta amiloide en el cerebro es uno de los factores responsables de desencadenar la enfermedad, aunque la razón por la que esta sustancia se acumula en unas personas y no en otras es aún algo que se desconoce.

Síntomas

Como la enfermedad de Alzheimer es la principal causa de demencia en el mundo, y la demencia es la principal característica clínica de la enfermedad de Alzheimer, describiremos a continuación qué es la demencia.

La demencia es un síndrome, esto es, un conjunto de síntomas relacionados al deterioro de las capacidades intelectuales del paciente. Además de la enfermedad de Alzheimer, es también común que ocurra en pacientes que han padecido varios accidentes cerebrovasculares encefálicos, con Parkinson, traumas craneales, deficiencia de vitaminas, hipotiroidismo grave, tumores cerebrales y algunas otras enfermedades neurológicas.

El síndrome demencial presenta tres características básicas:

  • Falta de memoria;
  • Pérdida de capacidad intelectual, incluyendo dificultades con el razonamiento lógico, lenguaje, escritura, organización del pensamiento, interpretación de los estímulos visuales, planeamiento y realización de tareas complejas, etc.
  • Alteraciones del comportamiento, como pérdida de la inhibición, agitación y alucinaciones, etc.

La demencia es un síndrome de evolución lenta y progresiva, que muchas veces pasa desapercibida en su fase inicial. Es común confundir la demencia inicial con “cosas normales de la edad” en pacientes mayores.

Es importante resaltar que los olvidos pequeños son comunes y es algo que ocurre a todos, principalmente en tiempos de estrés o cuando se está cansado. No obstante, cuando los lapsus se vuelven frecuentes y son importantes, como olvidar el nombre o dirección propia, salir de casa y perderse, etc., hay que prestar atención.

Si, además de los problemas de memoria, la persona presenta también alteraciones en su comportamiento social, como apatía y tendencia a aislarse, además de periodos de confusión, como guardar sal en la heladera o las llaves en la despensa, se debe acudir con un médico para que la persona sea diagnosticada.

Los olvidos causados por la demencia son diferentes a los problemas de memoria cotidianos. Una persona normal puede olvidar que tenía que acudir a una reunión, pero normalmente lo recuerda después. Los pacientes de Alzheimer, en cambio, además de olvidar que tenían esa reunión, no recuerdan que alguna vez se comprometieron a ir, o incluso desconocen que lo que está escrito el calendario sea su letra.

Fase inicial

En las fases iniciales de Alzheimer, el paciente es incapaz de reconocer sus problemas neurológicos, aludiendo siempre a excusas para justificar sus fallas. Como el paciente no se da cuenta de su enfermedad, muchas veces los familiares pasan desapercibida la seriedad de los síntomas. Conforme la enfermedad avanza, la familia comienza a notar que los síntomas se agravan y empiezan a sospechar que los problemas de la persona van más allá de los problemas típicos de la edad.

Fase avanzada

Cuando la enfermedad está en su fase más avanzada, los pacientes presentan apatía, depresión o agresividad; le cosas sin poder comprender las palabras; es incapaz de hacer cálculos; olvida el nombre de las cosas y no reconoce a sus familiares, amigos o incluso su propia casa. Con el tiempo, se vuelve incapaz de realizar tareas básicas, como vestirse o bañarse. El paciente se pierde en el tiempo y el espacio, sin saber qué día es o dónde se encuentra geográficamente.

La pérdida del control inhibitorio es otro síntoma común del Alzheimer. El paciente puede mostrar sus genitales repentinamente, acusar a personas de robar sus objetos, usar palabras altisonantes o insultar a otros sin razón aparente. En fases más avanzadas, pierde el control de sus esfínteres.

En caso de sospecha de Alzheimer (en usted o algún familiar o amigo), consulte a un médico, de preferencia un geriatra.

¿Cómo se diagnostica el Alzheimer?

El diagnóstico del Alzheimer puede realizarse clínicamente o a través de una biopsia cerebral (en casos extremadamente raros). El diagnóstico clínico evalúa los siguientes criterios:

  • Demencia comprobada por medio de un examen clínico y pruebas estandarizadas, como el mini-mental;
  • Déficit en dos o más áreas cognitivas (memoria, lenguaje, razonamiento, concentración, juicio, pensamiento, etc.);
  • Déficit cognitivo con empeoramiento progresivo;
  • Inicio después de los 40 años y antes de los 90;
  • No presenta ninguna otra enfermedad neurológica o sistémica que cause déficits cognitivos.

Estos criterios son capaces de identificar correctamente el mal de Alzheimer en hasta el 90% de los casos.

El diagnóstico definitivo de la enfermedad de Alzheimer es confirmado a través de una biopsia del tejido cerebral, por lo que es raramente realizado.

Los análisis de sangre y exámenes de imagen (tomografía computarizada, resonancia magnética) ayudan a descartar otras causas de demencia, pero no son capaces de establecer el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer.

En caso de sospecha de Alzheimer (en usted o algún familiar o amigo), consulte a un médico, de preferencia un geriatra.

Factores de riesgo

Entre los factores de riesgo de Alzheimer, la edad avanzada es el principal. Después de los 65 años, la probabilidad de desarrollar esta enfermedad se duplica cada 5 años, por lo que el 45% de las personas con más de 85 años padece esta enfermedad.

Raramente, el mal de Alzheimer surge antes de los 60 años. Curiosamente, los pacientes que llegan a los 90 años sin signos de esta enfermedad tienen un menor riesgo de padecerla.

Otro factor de riesgo importante, además de la edad, son los antecedentes familiares. Las personas con familiares de primer grado con Alzheimer tienen un mayor riesgo de padecerlo, lo cual demuestra que la genética juega un papel importante.

Además, el mal de Alzheimer es dos veces más común en negros que en blancos y más común en mujeres que en hombres.

Otros factores que también parecen aumentar el riesgo de desarrollar esta enfermedad son:

Cabe mencionar que algunos estudios apuntan a que aquellas personas con un mayor grado de escolaridad o que ejercieron trabajos intelectualmente estimulantes durante su vida (profesores, escritores, científicos, médicos, artistas, etc.) tienen una cierta protección contra esta enfermedad. La lectura frecuente, así como la interacción social y escuchar música también previene el mal de Alzheimer hasta cierto punto.

En caso de sospecha de Alzheimer (en usted o algún amigo o familiar), consulte a un médico, de preferencia geriatra, para ser evaluado.

Última actualización el 6 de Septiembre de 2018 a las 10:46 pm.

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